Francisco J.Gómez Gutierrez

franciscoJavierGomez

Desde joven me gustó escribir, ganando algún concurso en el bachillerato, luego estudiando primero Derecho y luego Historia y Geografía en la universidad de Santiago de Compostela entré a trabajar durante cuatro años en el diario La Noche como caricaturista, humorista de la viñeta diaria sobre la actualidad, entrevistador esporádico con caricatura incluida y esporádico articulista también.

Me he ganado la vida pintando caricaturas y retratos y realizando tiras de cómic para revistas y tebeos. Pero nunca dejé de escribir. En la actualidad está inmerso en la finalización de su novela Mesié Landeiro.

Historias de Catalina Park

En los años 70, cuando el autor de estas modestas páginas llegó al Parque de Santa Catalina como un dibujante más de retratos y caricaturas de los muchos que vinieron atraídos por la ola de prosperidad, se sorprendió al ver la variedad y riqueza humana que en él pululaba. Luego, la lectura de la novela Catalina Park de Orlando Hernández y las Historias del Puerto de La Luz de Leandro Perdomo, donde salen tantos personajes populares del pasado inmediato, como el Ratón, el Mandarria, Maestro Pepe, Luciano y tantos otros, me sugirió la idea de escribir sobre la vida y los milagros de algunos personajes que por una causa u otra destacaban sobre la masa anónima de turistas, marineros y nativos. Desde la década de los 60 hasta los 90, el Parque de Santa Catalina, en el Puerto de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria, fue un lugar de encuentro celebrado en todos los destinos turísticos. La pujanza de este puerto franco con su variedad de mercancías y oferta de precios bicoca, junto con la inviabilidad del Canal de Suez —que coadyuvaba al obligado abastecimiento de barcos en el Puerto de La Luz—, la sociedad del bienestar, la expansión del movimiento hippie y la contracultura, el mayo del 68, la píldora y la liberación sexual de la mujer caracterizaron un momento optimista y alegre del siglo pasado que se reflejó en un espacio urbano de terrazas al aire libre en pleno invierno al lado del mar. Allí se encontraron en lúdica armonía turistas y nativos, burgueses y pícaros, comerciantes africanos y marineros de todos los mares, rubias escandinavas y africanas de ébano playboys y homosexuales buscavidas rubias escandinavas y africanas de ébano, playboys y homosexuales, buscavidas, artistas, músicos y pintores callejeros que podrían tener un referente cultural parecido al del mítico zoco de Marrakech, la Rambla de las Flores de Barcelona o el antiguo Montmartre de París. El autor de estas modestas páginas pretende rescatar y evocar el espíritu del Catalina Park y de la época ayudándose de modismos canarios, expresiones chelis de entonces y términos de la calle y del caló de siempre.