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Cómo se escribe un guion

CÓMO SE ESCRIBE UN GUION

La pregunta que surge de forma natural cuando alguien se propone escribir un guion es “¿cómo lo hago?”.

Lo lógico cuando uno no sabe por dónde empezar es que se siente ante una página en blanco para escribir el consabido ABRE DE NEGRO y dar rienda suelta a las ideas que bullen por su cerebro.

Sin embargo, sentarse a escribir sin haber pensado concienzudamente la historia es tan absurdo como comprar los muebles antes que la casa. Lo más probable es que el guionista se quede sin fuelle en unas pocas semanas, agotado por la extenuante tarea de tener que escribir y pensar la historia al mismo tiempo.

Para escribir (y esto vale tanto para guiones como para novelas, obras de teatro, artículos, redacciones e incluso cartas) lo más importante es saber qué escribir. Parece una obviedad, pero no lo es.

Antes de sentarse a escribir es necesario (o al menos aconsejable) haber superado una serie de etapas que van desde el origen de la idea, hasta la redacción de un extenso documento donde se narra todo la historia sin desarrollar los diálogos.

Casablanca-taller-guionLas etapas de las que hablo son: idea, investigación, estructura, premisa, sinopsis, escaleta y tratamiento.

La idea es el origen de nuestra historia. Tal vez tengamos una ocurrencia cuando vemos a alguien tropezar en la calle, o tal vez sea una noticia en prensa lo que hace que nos ilumine la bombilla. Sea como sea, la idea nace en nuestra cabeza sin avisar. Se instala en ella, se hace fuerte y no nos abandona hasta que la desarrollamos. Sin embargo, por sí misma la idea no es una historia. Es sólo el germen.

Tras la idea viene una oscura fase de investigación en la que no sólo recabamos información sobre esa idea, sino que la pensamos y repensamos. Nos preguntamos adónde nos lleva esa idea, buscamos historias que hayan tratado ese tema o películas que hayan explorado situaciones similares a la que tenemos en la cabeza. En esta fase empezamos a pensar en el protagonista; quién es, cómo se comporta ante el suceso que hemos imaginado, cómo le afecta, cómo cambia su vida o su mundo…

La investigación es una fase apasionante en la que poco a poco llegamos al corazón de nuestra historia. Tras hacer un sinfín de cambios empezamos a vislumbrar el principio y el final de nuestra historia. Trazamos así un arco de transformación que atestigua un cambio (bien sea en el personaje o bien sea en su entorno). Y definimos, aún a grandes rasgos, cómo se produce ese cambio. Establecemos por tanto, el planteamiento, nudo y desenlace de nuestra historia y obtenemos así un boceto de la estructura.

Pero la estructura no está completa hasta que incluyamos los puntos de giro, que son los sucesos que nos lleva del planteamiento al nudo y de éste al desenlace. Dos puntos de giro hacen de bisagra para los tres actos y obtenemos así unCasablanca, la película esqueleto de nuestra historia.

Una vez hecho eso ya podemos definir la premisa de nuestra película. Describimos así quién es el protagonista, cuál su objetivo y qué está en juego. La premisa debe expresar de forma clara y concisa el conflicto de nuestra historia. Si no hay conflicto, no hay historia.

Una vez que tengamos la premisa bien definida (y aviso, a menudo esto conlleva volver a revisar una y otra vez las fases de investigación y estructura) podemos desarrollarla y escribir una sinopsis de una página. En este breve texto desarrollamos la trama y articulamos los obstáculos a los que hará frente el protagonista. Aún no hay que introducir detalles, pero si debe quedar bastante claro cómo la historia evoluciona desde el punto de partida hasta su final.

Tras la sinopsis de una página yo recomiendo escribir una segunda sinopsis de cuatro páginas en la que el primer acto ocupa la primera página, el segundo acto las dos siguientes y el tercer acto la última página. Es un texto muy útil porque es una reproducción de nuestro guion a escala.

Luego pasamos a la escaleta, donde enumeramos los llamados nudos de la trama. Un nudo es un acontecimiento que hace mover la historia. Puede darse en una secuencia o en un conjunto de secuencias pero lo indispensable es que tenga una causa (un nudo que le precede) y una consecuencia (genera otro nudo posterior).

Una buena escaleta ya puede servirnos para sentarnos a redactar el guion pero esa tarea será más sencilla si desarrollamos antes un tratamiento. En el tratamiento se enumeran las secuencias del guion con un breve resumen de lo que ocurre en cada una de ellas y qué personajes participan.

Un buen tratamiento es como un buen mapa de viaje: es imposible perderse. La redacción del guion se convierte así en una tarea más llevadera porque todas las decisiones referentes a la estructura y el desarrollo de la historia ya han sido tomadas. El guionista puede centrarse únicamente en las descripciones y en los diálogos.

Lo que queda después es enviar el guion a las productoras, cobrarlo y acudir al estreno de la película. Fácil ¿no?

Óscar Carrión

Guionista, ayudante de dirección y analista de guiones

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